Juan Huertas
Creatividad, comunicación y otras perversiones
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Una historia sobre Castilla

 Coronación de Isabel como reina de Castilla. Alcázar de Segovia. 

Coronación de Isabel como reina de Castilla. Alcázar de Segovia. 

Como bien sabéis los que me conocéis, soy segoviano y presumo de castellanidad. Pero eso no me impide reconocer que en más ocasiones de las que me gustaría los castellanos mostramos una indolencia (algunos la confunden con recia adustez) que raya el masoquismo.

Vaya por delante que ni mucho menos soy un experto en historia, pero mis escasos conocimientos sobre esta materia me permiten tener una visión global, aunque seguramente incompleta, sobre lo que ha acontecido a mi tierra en los últimos siglos.

Sé lo suficiente como para tener una idea bastante clara de por qué hoy Castilla ni siquiera existe como una entidad política, de por qué nuestras calles cada vez están menos habitadas y de por qué la máxima aspiración de nuestras ciudades y pueblos es convertirse en un escenario de cartón piedra para recibir a visitantes deseosos de saciar su estómago con comida cocinada a fuego lento y su mente con historia preparada al microondas.

Porque amigos, si algo tenemos en Castilla es historia. Historia de la que se ve, se toca y se respira, no de la inventada e imaginada que se estila en otros lugares para justificar desmanes muy actuales.

El caso es que este fin de semana se ha conmemorado la proclamación por el pueblo de Segovia de Isabel como reina de Castilla allá por el año 1474. Para ello se ha representado dicha coronación en las calles segovianas, tal como se hizo en 2003, 2006 y 2008. La primera cita surgió con motivo del quinto centenario del fallecimiento del personaje, la última se ha celebrado al calor del éxito de la serie de TVE “Isabel”.

Que Segovia celebre la coronación de Isabel no deja de ser una amarga ironía, porque posiblemente consiste en la celebración de uno de los mayores errores que hemos cometido como pueblo. No jugaremos a la historia ficción y no imaginaremos que hubiese pasado si la corona hubiese recalado en la heredera legítima, que era Juana de Castilla (la vilipendiada “Beltraneja”). Lo que si podemos atestiguar es cómo Segovia pasó de ser tratada con especial cariño por un rey del que no es exagerado decir que la amaba como Enrique IV (otro de los personajes más vilipendiados de nuestra historia) a ser saqueada por aquella que juró respetar sus fueros y que fue coronada en sus calles: Isabel.

No me extenderé en las explicaciones, pero esa coronación significó el inicio del declive segoviano. Isabel pagó la lealtad de Andrés Cabrera y Beatriz de Bobadilla enajenando una parte muy importante de las propiedades de la Comunidad y Tierra de Segovia al otro lado de la sierra de Guadarrama. Para que os hagáis una idea: Segovia se extendía desde El Escorial hasta Navalcarnero, desde Lozoya hasta Chinchón.

La Católica nos birló los sexmos de Casarrubios y Valdemoro. Pero no fue la única que nos colmó de atenciones. Carlos V nos machacó y humilló en la Guerra de Comunidades. El resto de los Austrias nos saquearon. Felipe V y Carlos III nos levantaron los pinares de Valsaín. Y si tuviese que seguir con la lista de agravios que se sucedieron en los siglos posteriores no acabaría nunca.

Yo no pido un congreso en el que historiadores pongan en relieve el maltrato que ha recibido Segovia y Castilla durante siglos. Ni siquiera pido que actos como los de este domingo no se celebren. Lo único que reclamo es que aprovechemos este tipo de eventos para conocernos un poco más a nosotros mismos, que es en definitiva lo que nos ofrece la historia. Con nuestras miserias y nuestras grandezas.  

Porque solo así, sabiendo quienes somos realmente, conseguiremos salir de este ensimismamiento al que estamos condenados. 

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