Juan Huertas
Creatividad, comunicación y otras perversiones
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BLOG

Un blog sobre comunicación, creatividad, publicidad y otras perversiones.

El inframundo blog (o lo que iba a ser un post normal y se convirtió en La Lista Negra #3)

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La comunicación comercial es un campo abonado en el que es muy fácil que aparezcan malas hierbas, que van creciendo gracias a la radiante desvergüenza que les ilumina y a clientes incautos que les riegan con una buena cantidad de euros.

Estos hierbajos se caracterizan por su rapidísimo crecimiento, falta de consistencia y alta capacidad de mutación. Habitualmente la cosa no llega a mayores, es relativamente corto el tiempo que va desde que se venden como la nueva cuadratura del círculo hasta que el engaño se descubre. ¡Pero cuidado! Hay algunas malas hierbas publicitarias que son como las zarzas: crecen abrazando a un árbol sano hasta que lo terminan ahogando.

Esta serie de metáforas horticulturales que solo tienen justificación como homenaje a mi propio apellido viene a cuenta de que hace unos pocos meses tuve la oportunidad de asomarme a este sector parasitario de la publicidad del que solo puedo desear una pronta defunción vía arranque de cuajo.

Se trata, amigos y amigas, del mundo de los bloggers "profesionales". La historia viene siendo un poco esta: los blogs (algunos todavía intentan llamar <em>bitácoras </em>al invento) nacen como diarios personales pero de dominio público en los que cualquier persona podía exponer al mundo lo que le viniese en gana, sobre todo en formato texto, porque son fáciles de crear y mantener. Hasta un mandril que sepa aporrear un teclado puede tener un blog, y como ejemplo tenéis lo que ahora mismo os estáis leyendo.

Los blogs especializados solían ofrecer una visión mucho más fresca y veraz sobre un tema concreto, mucho más que los medios tradicionales que siempre se deben a unos intereses económicos. La cosa era bien sencilla: alguien probaba un producto y si le parecía una mierda escribía que era una mierda. Un consumidor buscaba en la web información sobre ese producto y se encontraba con una opinión de una persona con sus mismos intereses. Estupendo, el consumidor ya estaba preparado para tomar una decisión.

¿Cuánto tardaron las marcas en darse cuenta de todo esto? Muy poco, desde los albores del social media se inundó la red de perfiles falsos con los que infectar y desinformar a escala industrial. Después se intentó atraer a los propios blogueros (que en su día ni tenían ni puta idea de que eran influencers) con regalos, invitaciones de eventos, etc… Y los blogueros cayeron en la tentación. ¿Cómo no caer si por ejemplo eres un loco de los enemas y Microlax te invita a un chupi evento con todo pagado? 

Hasta ese momento los blogueros eran personas anónimas. Pero una mutación ocurrió. Por un lado, los empezaron a hacerse famosos. Las marcas vieron en ellos una forma baratita de hacer publicidad. Y la prensa, esos genios de las finanzas que se han hundido gracias a regalar su producto en Internet, les dieron el púlpito definitivo que necesitaban: sus propios medios. Alguien muy listo pensó que era mejor sustituir a periodistas profesionales por gente que como certificación de su valía solo podría presentar una etiqueta de Anís del Mono.

Por otro lado, toda una caterva de modernetes “hijos de” que no tenían más futuro que dilapidar la fortuna de sus papás vieron que si una chavala de Carabanchel, pongamos el caso, podía dar lecciones sobre moda con más razón ellos podrían ser los reyes del cotarro. ¡Si vivo en el mismo edificio de Chanel! ¡Mi madre conoce a toda la mamarrachería de Madrid!

Y para acabar de joderla llegó Instagram, Twitter y resto de redes sociales en las que ni siquiera es necesario saber escribir. Justo lo que ellos necesitaban.

Esta bonita historia acaba con un servidor reunido con unos “representantes de bloggers” (os aseguro que se presentaban así) que me prometían que cualquiera de sus representados (famosetes, hijos de famosetes y demás mamarrachos) se harían fotos con el producto de mi cliente y lo recomendarían a sus seguidores por un nada despreciable pellizco de euros.

¿En algún momento sus seguidores son conscientes de que el contenido que ven es pura publicidad? No ¿Dan información honesta o veraz? No ¿Tributan estos ingresos como cualquier hijo de vecino? No ¿La Ley General de la Publicidad les obliga a algo? No ¿Autocontrol? ¡Já!

Por supuesto que todo esto a los representantes, a los representados y a algunos de los medios que los amparan les da exactamente igual. A mi me repugnan hasta la nausea. Son una de las tantas malas hierbas que crecen en nuestro sector, de esas que habrían que cortar de raíz para que no se enreden en nosotros y nos acaben ahogando.

PD. Aquí tenéis la razón de la fotografía que ilustra el post. La bloguera Rachel Nguyen, posando en un mausoleo judío con motivo del 59 aniversario de la liberación de Auschwitch para su blog "That's chic". El ex de Davidelfin también tuvo un momento de gloria parecido. 

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