Juan Huertas
Creatividad, comunicación y otras perversiones
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Un blog sobre comunicación, creatividad, publicidad y otras perversiones.

¡Oh cielos, Leoncio, el nuevo anuncio de Desigual!

 "No lo intentes en casa", ponen los cachondos...

"No lo intentes en casa", ponen los cachondos...

Mirad que me joroba escribir sobre esto. Entonces, con buen juicio me preguntaréis ¿por qué narices escribes un post sobre el anuncio de Desigual para el Día de la Madre que te parece tan malo como la ropa que vende? 

Os explico por qué me joroba escribir sobre Desigual. Principalmente no me gusta porque creo que al final estoy siguiéndole el juego a una marca que en sus comunicaciones publicitarias busca deliberadamente la repercusión a través de la provocación. Y cuidado, que eso a priori no me parece mal ni estoy en contra de utilizar la polémica para construir una marca, si con ello se construye una buena marca.

El problema es que Desigual es a la provocación lo que Pablo Motos a la televisión. Se creen modernos, innovadores y con mucha personalidad, cuando realmente siguen esquemas viejunos, son cargantes y están demasiado pagados de sí mismos. Y lo peor de todo, lo que realmente me cabrea es que además tienen éxito. Más del que se merecen, por lo menos a mi parecer.

La pieza que últimamente ha provocado más jaleo es esta del Día de la Madre:

¡Oh cielos, Leoncio -que diría Tristón-, la chica hace el mamarracho con un cojín bajo el vestido y pincha unos condones! ¡Qué horror!

Supongo que esto es lo que nos sale cuando jugamos a ser Benetton y Oliviero Toscani. 

Decenas de columnas y artículos en los medios escritos, horas de llamadas de oyentes indignados en la radio, decibelios por las nubes en los debates en las tertulias televisivas… Y mientras los jefes de Desigual encantados de haber conocido a Oriol Villar, creador de la campaña.

Qué poco necesitamos para escandalizarnos. A lo sumo una idea ramplona y un acting tan exageradamente malo que supongo que será así a propósito. Eso es suficiente para que los guardianes de la moral ibérica –ríete tú de los de la revolución iraní- que moran a derecha e izquierda del espectro político se rasguen las vestiduras. Porque esto es algo que nos une más que los éxitos de la Selección Española: nuestra inveterada capacidad para escandalizarnos y nuestra querencia centenaria por los autos de fe.

Y para muestra un botón: han logrado que hasta un medio tan poco sospechoso de cogérsela con papel de fumar y tan experto en el arte de la provocación como la Revista Mongolia se haga eco de tema:

Así que lo que realmente nos debería de escandalizar es la tremenda facilidad con la que nos escandalizamos y caemos en la burda trampa que nos tienden. Que seamos tan idiotas como creen que somos. Pero aceptar eso sería como colocarnos a nosotros mismos en el disparadero, ¿verdad?

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