Juan Huertas
Creatividad, comunicación y otras perversiones
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Decidir

 Don Ramón María, ejerciendo su derecho a decidir entre levantarse o echarse la siesta

Don Ramón María, ejerciendo su derecho a decidir entre levantarse o echarse la siesta

Si hoy don Ramón María del Valle Inclán abriese el ojo no tendría la necesidad de ir al callejón del Gato a ver imágenes deformes en sus espejos cóncavos y convexos. Para encontrar el esperpento que él definió tan solo tendría que leer cualquier periódico que se encontrase en el kiosko, escuchar cualquier tertulia en la radio o ver cualquier telediario o espectáculo político en la televisión.

Hoy, más que nunca en los últimos años, estamos asistiendo al espectáculo en el que el que ese monstruo informe que los anglosajones llaman establishment está saliendo de su cómoda e impenetrable cueva para mostrarse en su repugnante esplendor ante todos nosotros.

El establishment no es de derechas ni de izquierdas, al contrario de lo que algunos os intentarán hacer creer. Lo podremos llamar de muchas formas, como “el sistema”, “los mercados” o “las élites”, pero solo responderá a una idea y a un patrón: el dinero. Su hábitat perfecto es el statu quo: es decir, la calma chica, el aborregamiento, el sopor.

Porque mientras nosotros nos regodeamos en las menudencias del día a día, ellos se quedan con todo lo demás. Es decir, tú te preocupas de ver la tele y ellos de tener todas la teles. Tú les devuelves con intereses los créditos y además pagas los suyos. Tú votas de vez en cuando pero ellos deciden a quién puedes votar.

Y así hasta la saciedad. Tú saciedad, claro, porque ellos nunca se saciarán.

¿Tienes alguna queja? Haber elegido susto. Porque, por si fuese poco, ellos tienen la legitimidad democrática del cotarro. Algún día alguien votó algo que no solo otorga legalidad a sus actos, si no que además les permite ungirse como los verdaderos guardianes de la democracia. Una democracia que está más cerca de la ley del embudo de los patios escolares que de ese ideal de justicia y equidad por el que tanta gente ha dado su vida en este mundo.

Así que, como os decía al principio, el establishment ha salido de la cueva y hoy podemos ver a estos adalides de la democracia bombardeándonos a izquierda y derecha con esta idea: elegir es bueno, siempre y cuando lo hagan las personas correctas para las cuestiones correctas.

Este es el trato que nos ofrecen: ellos deciden en qué gastarse nuestro dinero, la forma de estado, si compartimos estado o lo dejamos como amigos, el tipo de la jefatura del estado, el secretario general del partido, el candidato, lo que hacemos con nuestro cuerpo y con nuestras conciencias, lo que es de todos y lo que es de unos pocos, lo que es verdad y lo que es mentira, lo que es bueno y lo que es malo.

A cambio a nosotros nos dejan lo realmente importante: elegirles. Cuidado, no a otros. A ellos.

Aviso a navegantes. Ya no existen los espejos deformantes del callejón del Gato. Ni siquiera existe el propio callejón. Ha llegado el día en el que el espejo nos devuelve una imagen nítida de lo que somos. Ahora, por una vez, nos toca a nosotros decidir si queremos que continúe el esperpento.    

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