Juan Huertas
Creatividad, comunicación y otras perversiones
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Amy: life is a losing game

En el mundo de la música, como en tantos otros, se ha banalizado el uso de la palabra estrella de tal manera que nos quieren hacer creer que cualquier farolillo de feria puede ser un cuerpo celeste. Pero no. Aunque brillen por la noche, nunca una luz prefabricada podrá acercarse, ni de lejos, al misterio y poder de atracción de los astros.

Más que una estrella, Amy Winehouse fue una supernova. Una explosión sideral de talento natural que nos iluminó con sus textos, sus melodías y su voz. Pero al igual que las supernovas, su brillo fue intensísimo y efímero porque el combustible para esa explosión fue su propia vida. Y su vida se apagó consumida por sí misma.

Al contrario de otros genios que necesitan alimentarse del mundo exterior para llegar a las más altas cotas del arte, en muchas ocasiones sin frenos y sin límites con desastrosos resultados para las personas más cercanas (un buen ejemplo de esto es Picasso), Amy encontraba la inspiración en su propia vida.

Escribía y cantaba como resultado de digerir las cucharadas amargas que a todos nos da la vida. Como ella misma dijo en una ocasión, le resultaba inconcebible escribir sobre algo que no le hubiese pasado. Por eso ella no escribía sobre el amor, la pasión, el abandono o la soledad. Ella escribía sobre el amor tóxico que compartía con su pareja, la pasión que les consumía, el abandono de la figura paterna y la soledad inmensa que produce la desolación.

Lo paradójico de todo ello es que las canciones con las que se ganaba la vida, literalmente, fueron también las que al final se la quitaron. El drama mil veces contado del blues y del jazz, la maldición de los talentos que se construyen destruyéndose a sí mismos.

El documental de Asif Kapida “Amy, the girl behind the name” nos enseña a la chica que el mito devoró. Es un retrato sincero y honesto de una mujer tocada por el divino don de la genialidad musical que posiblemente tuvo los padres, la pareja, el representante y la residencia que menos le convenían.

Porque los únicos que la podían salvar fueron los que oficiaron la ceremonia del sacrificio de la vida de Amy, retransmitida en directo por los medios sin ningún escrúpulo y consumida por todos nosotros sin un atisbo de conmiseración humana.

Como las supernovas, su brillo nos seguirá iluminando mucho después de su explosión. Y en nuestros corazones siempre nos quedará la amargura infinita del abrazo sanador que nunca se dio.  


Imagen: "Amy (Foil Edition Print)". Mr. Bingo. © Amy Winehouse Foundation. 

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