Juan Huertas
Creatividad, comunicación y otras perversiones
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Política y redes sociales

 Este es el tipo de cosas que realmente interesan en las redes sociales, no tu opinión política

Este es el tipo de cosas que realmente interesan en las redes sociales, no tu opinión política

Los que me conocen saben que me gusta la política. Sinceramente creo que entender cómo son sus dinámicas, sus resortes y sus actores tendría que ser una obligación para todos nosotros como ciudadanos responsables y conscientes que deberíamos ser. Pero además considero que la política es un gran entretenimiento, al fin y al cabo es el teatro en el que se da forma al escenario de nuestras vidas.

Por todo ello me gusta estar bien informado. Picoteo la prensa española, hago incursiones en la extranjera, sigo a ciertos analistas que me inspiran confianza por su capacidad de análisis y su independencia… Todo en aras de un objetivo: tener mi propia opinión sobre los temas políticos.

Y vaya si la tengo. Muy sólida, muy fundamentada y sobre todo muy personal.

Pero un momento. ¿Que yo tenga el convencimiento de que estoy en lo cierto en la mayor parte de mi pensamiento político me habilita no solo para gritarlo a los cuatro vientos si no también hacer proselitismo de él en todos las situaciones y rincones, con especial ahínco en las redes sociales?

Por un lado todos tenemos el derecho de poder expresar nuestras opiniones con libertad, faltaría más. Aunque existan leyes que traten de amordazar la libertad de expresión, todavía podemos hacer un uso amplio de ella. Así que si tengo una opinión o una proclama que lanzar, no tendría por qué cortarme: ahí va mi tuit, mi post en Facebook. Si te gusta bien y si no te gusta, ajo y agua.

Pero por otro lado las redes sociales son eso, sociales, y en ellas existe un pacto que regula nuestras interacciones aunque sea implícitamente. Sobre todo en Facebook, ya que cuando dos personas aceptan mantener una “relación de amistad” doy por hecho que se es más consciente de dicho pacto social.

En mi caso particular, utilizo principalmente Twitter para informarme y Facebook para relacionarme con personas a las que, en diferente grado, aprecio o estimo.

Por decirlo de otra forma, no hay ningún contacto en Facebook con el que me relacione por lo que me importe / aporte / interese su punto de vista político.

Por lo tanto, ese contenido político no es deseado ni apreciado por mi. Y esto podría no ser ningún problema, ya que el 99% del contenido que se publica o comparte en las redes sociales no me importa (ni a mi ni a nadie). Por supuesto que ese 99% incluye lo que estoy escribiendo en este momento.

El problema es que ese contenido en muchas ocasiones me ofende. No porque pueda ser diametralmente opuesto a lo que yo pienso, a este respecto no tengo ningún problema de atender los argumentos de los demás. Me ofende porque suele ser falso, está mal argumentado o hace uso de argumentos pueriles, está burdamente manipulado o tiene el torticero interés de manipularme, lo que me ofende aún más ya que indica que la persona que lanza la soflama política no tiene a mi inteligencia en muy alta consideración.

Por no decir cuando el contenido o la opinión política que comparten conmigo tiene la intención inequívoca de ofender(me).

Este mensaje va dedicado a todos aquellos que en los párrafos anteriores se han podido ver aludidos. Sé que tenéis la necesidad de que todo el mundo sepa lo acertado que estáis y lo equivocados que están los contrarios. Sé que os gustaría que todo el mundo pensase como vosotros, porque es lo correcto, y que creéis que las redes sociales son el mejor medio para conseguirlo. Os entiendo.

Pero antes de comentar, compartir o tuitear vuestras bilis políticas tened en cuenta esto: muy posiblemente no tenéis ni puta idea de lo que estáis diciendo, os deja en mal lugar y lo que es peor, no tenéis ni asomo de razón.

No obliguéis a la gente a decidir entre mantener esa amistad ficticia de la red social o tener que aguantar esos contenidos intelectualmente tóxicos.  Dejadlo para aquellos foros en los que sea procedente lanzarlos como manifestaciones, parlamentos, tertulias televisivas, blogs personales o juntas de comunidades de vecinos. Allí se apreciará como se merece. 

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