Juan Huertas
Creatividad, comunicación y otras perversiones
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Un blog sobre comunicación, creatividad, publicidad y otras perversiones.

El foco en las personas

 Cuando el foco no ilumina a nadie.

Cuando el foco no ilumina a nadie.

“Poner el foco en el consumidor”. “Crear experiencias, no publicidad”. “Transcender el mensaje publicitario”. Nos podemos encontrar con frases como estas y muchas otras de este tipo en cualquier artículo, entrevista y conferencia que trate de arrojar un poco de luz al presente y futuro de la industria publicitaria.

Porque la industria lleva ya unos años tratando de lidiar con los retos que la revolución digital ha dejado sobre la mesa: los nuevos canales de transmisión de contenidos, la dispersión de las audiencias, el rechazo al contenido publicitario y la aparición de nuevos creadores de contenidos, tan solo son unos de ellos.

Sin embargo, aunque como he dicho llevamos años tratando de resolver este enorme jeroglífico, parece que todavía no hemos sido capaces de dar con la solución. La comunicación comercial no solo tiene cada vez más difícil llegar a sus objetivos en términos de marketing, sino que cada vez tiene menos relevancia social.

Quizás la razón estriba en que aunque insistimos en que hay que centrarse en el consumidor, es decir, en las personas, realmente no lo estamos haciendo.

Centrémonos en la relevancia social. Los años de crisis brutal y el nuevo paradigma digital han creado un ambiente de abierta desconfianza hacia las grandes corporaciones y el medio perfecto para exponerlo. La respuesta de la industria ha sido exigir a las marcas que se involucren en los temas que afectan o preocupan a la sociedad. Que se mojen. Y el resultado ha sido la difusión de campañas de empresas de bebidas carbonatadas y altamente azucaradas hablando sobre los hábitos de vida saludables, campañas de empresas de productos cárnicos hablando sobre el sentimiento de orgullo nacional y campañas de fabricantes de mobiliario hablando sobre el sistema de educativo, por poner unos cuantos ejemplos.

La salud, las tensiones nacionalistas, la educación… ¡si esto es lo que preocupa a la gente, las marcas tienen que hablar de ello! ¡Así volveremos a recuperar nuestro espacio! ¡Nos comprarán más! Qué digo comprar. No queremos que nos compren. ¡Queremos que nos quieran! Porque todo el mundo sabe que en las cuentas de resultados de las grandes empresas lo que más importa es que el saldo del amor salga siempre positivo.

El problema es que todo esto no funciona porque no es real. Y no es real porque si las grandes empresas quieren ayudar a solucionar los grandes problemas de nuestra sociedad, la publicidad no es la respuesta. La solución quizás esté en dejar de producir productos poco beneficiosos para la salud, en no deslocalizar las producciones, en pagar salarios dignos, en racionalizar los horarios, en utilizar su enorme influencia en ayudar a establecer políticas públicas que beneficien al común de los mortales en lugar de a las élites a las que sus directivos pertenecen, etc. Cada uno podría llenar ese “etc.” con acciones reales y realistas que se podrían emprender, y dudo que alguna de ellas fuese una “campaña de concienciación”.

Pero no hay que irse tan lejos. La comunicación comercial sí que puede aportar a la sociedad.

En primer lugar, asesorando de forma leal y profesional a nuestros clientes, ayudándoles a identificar sus problemas y necesidades y creando las soluciones de comunicación adecuadas. Porque todo ello generaría riqueza para las propias empresas y para el resto de la sociedad.

En segundo lugar, respetando a nuestras audiencias, a los consumidores, a las personas en general. Creando comunicación veraz que no utilice como resorte comercial todo aquello que es reprobable, como el miedo, el odio, el sexismo, el desprecio, etc. Tratando al público presuponiéndole la misma inteligencia que creemos que nosotros tenemos.

Y en tercer lugar, respetándonos a nosotros mismos como profesionales. Siendo conscientes de la responsabilidad que conlleva ocupar el espacio público con nuestro trabajo. Ya sea en las calles, en las televisiones, en las radios o en los ordenadores.

Con todo esto tenemos tarea por delante. Eso sí, si lo hacemos, nos aseguraremos de lograr por fin poner a las personas en el foco de nuestro trabajo.  

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