Juan Huertas
Creatividad, comunicación y otras perversiones
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Un blog sobre comunicación, creatividad, publicidad y otras perversiones.

Enrique IV y yo

 San Antonio El Real, Segovia. Reflectorio. Escudo de Enrique IV de Castilla.

San Antonio El Real, Segovia. Reflectorio. Escudo de Enrique IV de Castilla.

A partir de ahora voy a iniciar una serie de pequeños artículos sobre la figura de Enrique IV de Castilla, lo que puede ser un tanto chocante porque en este blog he venido hablando de creatividad, comunicación y alrededores. Y así, de pronto, un rey medieval castellano tiene muy poco que ver con la profesión con la que me gano la vida y menos con las áreas de interés que se nos presuponen a los creativos publicitarios.

 

Desde que tengo memoria me he sentido atraído por la Historia. Posiblemente sea una pequeña tradición familiar, mi hermano Alberto es Licenciado en Historia. Uno de mis recuerdos infantiles es la imagen de Alberto, equipado con una lupa, leyendo documentos antiguos en su mesa de estudio.

 

Por otro lado soy segoviano. Segovia es una ciudad en la que la Historia se ve, se palpa e incluso para algunos afortunados se vive en ella. No solo por los monumentos con fama mundial que se conservan, como el Acueducto romano, la catedral tardogótica y el Alcázar. Hay una serie de edificios muy atractivos que viven a la sombra de esos tres colosos, como el Monasterio del Parral, el convento de San Antonio El Real, lo poco que queda del antiguo palacio de Enrique IV… Y otros elementos que han llegado a nuestros días como la Dehesa (hoy reducida a un pequeño parque), la Real Cacera de San Lorenzo, las Ferias y Fiestas, etc.

 

Todos ellos tienen un denominador común: Enrique IV. La simple curiosidad me llevó a preguntarme quién era ese personaje que tanto había marcado mi ciudad y sobre todo, por qué ese personaje que tanto parecía haber hecho por Segovia estaba desaparecido de la historia oficial segoviana. Es decir, uno no puede tener mucha idea sobre la Guerra de Comunidades, pero la escultura pública más famosa de Segovia está dedicada a Juan Bravo, al que también se le dedicó un tramo de la Calle Real. Uno puede conocer de soslayo la figura de los Reyes Católicos, pero a Isabel I se le dedica otro tramo de la Calle Real, además de que siempre se remarca que fue reconocida como reina de Castilla por los segovianos en el atrio de la desaparecida iglesia de San Miguel. ¿Por qué de Enrique IV nadie sabe nada? ¿Por qué su palacio es parte un esqueleto salvado in extremis del derribo, parte convertido en museo de arte contemporáneo, parte solar esquelético? ¿Por qué la calle que se le dedicó se encuentra en El Carmen, uno de los barrios de nueva traza de Segovia, bastante alejado del centro histórico? ¿Por qué su antiguo pabellón de caza y hoy Convento de San Antonio el Real es una de las joyas artísticas más desconocidas por los propios segovianos?

 

Cuando comencé a satisfacer mi curiosidad, se desplegó ante mí una gigantesca nube histórica sin forma, en la que cuanto más te internas menos pareces saber. Un edificio construido con miles de relatos, crónicas, estudios, análisis y ensayos con relatos contradictorios, que narran traiciones, deshonras y campañas de difamación… Un enorme y nebuloso artificio que se ha construido durante siglos y que provoca que, a día de hoy, la figura de Enrique IV de Castilla siga siendo tan interesante y enigmática.

Así que lo que vas a leer a partir de ahora es mi trayecto personal por la historia del siglo XIV de Castilla y por extensión del resto de reinos peninsulares en busca de respuestas a tantas preguntas que me asaltan.

 

No puedo finalizar este capítulo introductorio sin avisar a los lectores: no soy historiador ni lo pretendo. Lo que escriba es mi visión personal surgida de mis investigaciones, lecturas y reflexiones. Si decides acompañarme en este viaje, está bien que sepas a quién vas a tener por compañero.